Íconos. Revista de Ciencias Sociales

Núm 71. Septiembre - diciembre 2021, pp. 161-178, ISSN (on-line) 1390-8065

DOI: 10.17141/iconos.71.2021.4700

Temas

 

 

Justicia reparativa frente a los legados de la esclavitud en el Caribe. Perspectivas interregionales

Reparative Justice Vis-a Vis the legacy of slavery in the Caribbean. Interregional perspectives

 

Dra. Claudia Rauhut. Profesora invitada del Departamento de Antropología Social del Instituto de Estudios Latinoamericanos, Freie Universität Berlin (Alemania).

(rauhut@zedat.fu-berlin.de) (https://orcid.org/0000-0002-7002-4329)

 

 

Recibido: 06/10/2020 – Revisado: 08/12/2020

Aceptado: 21/05/2021 – Publicado: 01/09/2021

 

Cómo citar este artículo: Rauhut, Claudia. 2021. “Justicia reparativa frente a los legados de la esclavitud en el Caribe. Perspectivas interregionales”. Íconos. Revista de Ciencias Sociales 71: 161-178.  https://doi.org/10.17141/iconos.71.2021.4700

 


 

Resumen

Este trabajo versa sobre los reclamos actuales acerca de las reparaciones por los crímenes y los daños que la trata transatlántica de personas africanas y los sistemas eslavistas causaron a las Américas. Lanzado por numerosos actores en distintos contextos histórico-globales, constituye en la actualidad un tema central en la agenda del activismo afrodescendiente, sobre todo en el Caribe anglófono y en los EE. UU.; también se discute en América Latina, dentro del enfoque de afrorreparaciones. En este artículo se analiza la movilización por la causa en el Caribe anglófono, la agenda por una “justicia reparativa” proveniente de la Comisión de Reparaciones de CARICOM –compuesta principalmente por los países que eran colonias británicas– y la demanda que se dirige a los gobiernos europeos. A partir de una investigación empírica sobre el caso de Jamaica, en este texto se exponen los principales argumentos de los activistas a favor de la reparación, así como las áreas de su movilización: educación pública, trabajo de concientización y reconstrucción de archivos que evidencian los efectos económicos de la esclavitud. Luego se aborda la agencia de los activistas en las redes y los debates transnacionales. Por último, se reflexiona sobre los distintos acercamientos a la temática de la reparación desde un enfoque interregional, incluyendo una perspectiva desde del Caribe hispanoparlante: la de Cuba.

 

Descriptores: afrorreparaciones; Caribe anglófono; esclavitud; Jamaica; justicia reparativa; reparaciones históricas.

 

Abstract

This paper deals with the current demands of compensation for the damages and crimes caused by the transatlantic slave trade of African persons and from the institution of slavery in the Americas. This proposal has been put forward by many actors and in different global historical contexts and it is currently is fundamental issue in the agenda of Afro-American activism, especially in the English- speaking Caribbean and in the United States. This topic is also under discussion in Latin America as a part of the “afro-reparations” approach. The article analyzes the mobilization around this issue in the English-speaking Caribbean, the “reparative justice” agenda put forward by the CARICOM Reparations Commission- mainly composed by former British colonies in the Caribbean-, and the demands directed against European governments. Using data collected in Jamaica, this text exposes the main arguments presented by advocates of reparations, as well the arenas where they have been more active: public education, awareness raising campaign and archival reconstruction of documentation evidencing the economic impact of slavery. Next, the activity of advocates in the social media and in transnational debates is discussed. Finally, consideration is given to the different approaches to the topic of reparations seen from an interregional perspective, focusing in viewpoints drawn from Cuba as a case representing the Spanish-speaking Caribbean.

 

Keywords: Afro reparations; English-speaking Caribbean, slavery, Jamaica, reparative justice, historical reparations.

 

1.     Introducción

En esta contribución analizo la agenda de la Comisión de Reparaciones de la Comunidad del Caribe (CARICOM) y los argumentos principales planteados por los líderes caribeños. Después de una introducción al contexto histórico-global del Caribe, enfatizo el papel fundamental de Jamaica, país precursor dentro de la región y en la lucha mundial por las reparaciones. Con base en una investigación antropológica realizada entre 2014 y 2017 en Kingston, reconstruyo el ámbito nacional y transnacional en el cual los activistas de Jamaica se movilizan por la causa. Analizo sus narrativas y demandas, sus campañas y discursos públicos, en los cuales abogan por una justicia reparativa en cuanto a los largos efectos causados por la esclavitud. Concluyo con una breve reflexión sobre la necesidad de enfocar la temática desde una perspectiva interregional que va más allá del Caribe anglófono, incluyendo incluso el contexto cubano. Finalmente, argumento que las reclamaciones del Caribe contribuyen en gran medida a la revitalización de las cuestiones globales de reparación por la esclavitud y otras injusticias históricas en la academia y la política.

La región del Caribe ha experimentado la historia más larga de esclavitud y colonialismo en el mundo entero. A través de la llamada trata transatlántica entre los siglos XVI y XIX, al menos 12,5 millones de africanos esclavizados fueron trasladados por la fuerza desde su tierra hasta las Américas (Eltis y Richardson 2010). La explotación de su mano de obra en las diversas economías de plantaciones en el Caribe, por un lado, y las ganancias obtenidas por la exportación de azúcar y otras materias primas, por otro, se convirtieron en la principal fuente de la industrialización y riqueza de Europa occidental.

Los devastadores daños materiales e inmateriales, en particular para las sociedades caribeñas y sudamericanas posteriores a la esclavitud, siguen acechando el presente. Las antiguas colonias europeas en el Caribe todavía tienen que enfrentar los problemas causados por siglos de esclavitud, dominación colonial, explotación económica, racismo y desestabilización social. Todos estos factores han arraigado profundamente los patrones de un pensamiento colonial y han reforzado las desigualdades sociales por motivos de raza, etnia, clase, género, sexualidad y religión. No fueron superados después del fin formal de la esclavitud, sino que continúan reproduciéndose y transformándose en las sociedades caribeñas contemporáneas.

Las colonias británicas fueron las primeras donde se abolió la esclavitud, en 1834, pero la dominación colonial continuó durante más de un siglo. Después de las independencias formales de los años 60 del siglo XX, las potencias coloniales europeas han dejado a los países del Caribe anglófono subdesarrollados y mal equipados en cuanto a la economía, la educación y los sistemas sociales, junto con una prevención de la soberanía política nacional (Lewis 2013). Países como Jamaica o Barbados entraron con un 70 % de analfabetismo a la independencia. En lugar de facilitar un desarrollo adecuado de la economía nacional, la extracción de recursos por empresas extranjeras continuó y se les obligó a los gobiernos recién conformados a aceptar créditos de bancos mundiales que conducían a estos países sistemáticamente a la trampa de una deuda que aún les afecta gravemente.

Los gobiernos europeos nunca han abordado su papel colonial en la región, ni los crímenes cometidos durante la esclavitud y el colonialismo ni los legados consecutivos que persisten en forma de desigualdades en cuanto al desarrollo económico y social y en forma de patrones coloniales como la discriminación racial al nivel nacional y global. Contra esta posición de negación por parte de los antiguos poderes coloniales de Europa, en el Caribe numerosas persones e instituciones, tanto civiles como estatales, se han opuesto en diferentes momentos históricos. Probablemente el más claro llamado a la acción contra esta actitud en la actualidad proviene de la Comisión de Reparaciones de CARICOM (CARICOM Reparations Commission 2014), una organización interregional civil establecida en 2013 bajo de la comunidad de los Estados caribeños de la CARICOM, compuestos principalmente por los países anglófonos que eran colonias británicas. En el 2014, sus primeros ministros firmaron un plan de acción de diez puntos por una “justicia reparativa” en cuanto a la esclavitud y sus legados, elaborado por la Comisión de Reparaciones (CARICOM 2014). Busca particularmente involucrar a los gobiernos europeos en un diálogo al considerarlos Estados sucesores de las antiguas potencias coloniales que organizaron activamente la trata y los sistemas de esclavitud en las Américas y se beneficiaron de ellos, como Gran Bretaña, Francia, España, Portugal, los Países Bajos y Dinamarca.

El término justicia reparativa apela en un sentido más amplio a “reparar un daño” e implementar medidas de compensación simbólica y material, que se reclaman aquí como inversión en infraestructura dentro de las sociedades caribeñas. Como cuestión clave, vincula en su agenda los problemas fundamentales de desarrollo en las sociedades caribeñas con los patrones de desigualdad causados por la esclavitud y sus legados que han conducido a daños estructurales persistentes. En consecuencia, las reparaciones no se consideran medidas individuales, sino medidas colectivas para toda la sociedad. Están diseñadas para recompensar las desventajas sociales y económicas y combatir la discriminación racial de la población afrodescendiente que forman la gran mayoría de la población en muchas antiguas colonias británicas, en Jamaica, por ejemplo, alrededor del 92 % (Statistical Institute of Jamaica 2011).

Por lo tanto, se aspira a programas dirigidos al bienestar de la sociedad en total a través de inversiones en infraestructuras en los campos de la educación, la salud, la cultura. Además, requiere una transferencia de tecnología y conocimientos, así como una cancelación de deudas externas (CARICOM Reparations Commission 2014). La tarea de enfrentar los legados vivos de los crímenes e injusticias de la esclavitud no se puede limitar a los países del Caribe, sino que se debe dirigir a los gobiernos de Europa para que asuman mayor responsabilidad histórica. Este enfoque externo, el cual se enfatiza aquí, está sin embargo acompañado por necesarios diálogos sobre problemas internos dentro de los países caribeños.

 

2.     La lucha por reparaciones en su contexto histórico-global

El alcance de los reclamos actuales en el Caribe no se puede entender sin mencionar las numerosas luchas históricas anteriores por iniciativas individuales y organizadas en toda la región, involucrando a diversas personas en diferentes periodos levantando sus voces contra la esclavitud y la dominación colonial. Las propias personas esclavizadas practicaban múltiples formas de resistencia como el cimarronaje o las sublevaciones urbanas y rurales, algunas iban a los tribunales para reclamar compensación por los daños sufridos en forma de dinero, tierras, propiedades o animales (Laó-Montes 2011; Thompson 2006; Scott y Zeuske 2002).

El activismo organizado en favor de las reparaciones por la esclavitud se conoce, tanto en la literatura académica como en el discurso político, sobre todo por el caso de Estados Unidos. Los llamamientos respectivos se incluyeron, por ejemplo, en el panafricanismo a principios del siglo XX, en la Universal Negro Improvement Association, de los años 20, en el movimiento por los derechos civiles y del Poder Negro desde los años 60 o en organizaciones como National Coalition of Blacks for Reparations in America (N’COBRA) desde 1987 (Martin y Yaquinto 2007; Ogletree 2003). En cuanto al Caribe anglófono, los rastafarianos de Jamaica fueron los primeros que reclamaron, desde los años 50, su repatriación a África como parte de la reparación (Chevannes 1994).

Varios intelectuales caribeños de mediados del siglo XX, inspirados por el marxismo, como C. L. R. James, Aimé Césaire, Frantz Fanon o Walter Rodney, han apelado a la culpabilidad que tiene Europa frente a los pueblos colonizados, enfatizando las interrelaciones constitutivas entre las sociedades europeas y las excolonias. Al mismo tiempo, han escrito en contra de la negación, devaluación e inferiorización de las prácticas africanas por parte de los valores y discursos hegemónicos coloniales y blancos. Fanon (1961) estaba profundamente comprometido en las luchas anticoloniales de liberación en África y analizó la interrelación estrecha entre desarrollo y subdesarrollo como resultado de la esclavitud y del colonialismo; en su obra principal Les damnés de la terre, ha planteado argumentos en favor de la reparación. Más explícitamente argumentó el historiador Eric Williams (1944), de Trinidad y Tobago, en su obra clásica Capitalism and Slavery al demostrar los lazos económicos entre la industrialización británica y la esclavitud transatlántica –en particular la del Caribe–. De manera similar, Walter Rodney (1972) afirmó que Europa se desarrolló gracias al trabajo forzado de los africanos esclavizados mientras largas regiones de África fueron sistemáticamente despobladas y subdesarrolladas. Todas estas obras pioneras del pensamiento radical caribeño que han inspirado a generaciones de estudiosos, siguen siendo fuentes clásicas en las cuales se basan también los activistas que solicitan la reparación.

Un paso clave por el avance global del tema ha sido la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, patrocinada por las Naciones Unidas en Durban, Sudáfrica, en 2001. En la declaración final se reconoció, por primera vez a nivel mundial en organizaciones internacionales como la ONU, que la esclavitud fue un crimen de lesa humanidad y que causó marginación estructural y discriminación racial que aún persisten. Y que afectan directamente la vida de las personas afrodescendientes (Naciones Unidas 2001).

Como el aspecto de las reparaciones se quedó corto, la Comisión de Reparaciones de CARICOM se ha propuesto profundizar esta parte y desarrollar demandas más concretas a los gobiernos europeos. El alto alcance del reconocimiento público y político de su agenda se refleja en el apoyo por primera vez no solo de activistas comunitarios, rastafarianos o defensores de los derechos humanos, sino también por gobiernos nacionales y organizaciones internacionales. La agenda fue firmada por los primeros ministros de casi todos los Estados miembros de CARICOM, así como por los gobiernos de Cuba y Venezuela, y por las asociaciones regionales como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC 2014) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Cubadebate 2014; Reparación del Colonialismo 2015). Además, tanto la agenda concreta como la relevancia más amplia del tema “Slavery Reparations” se han extendido globalmente a través de una alta presencia mediática y su recepción por parte de otros grupos en favor de reparación en todas las Américas y en Europa.

Un grado considerable de este éxito se debe al compromiso extraordinario de dos líderes: el profesor Sir Hilary Beckles, quien ha presidido la Comisión desde 2013, y la profesora Verene Shepherd, una de las vicepresidentas, colíder del Comité Nacional de Reparaciones en Jamaica desde 2012 y actualmente directora del Centro de Investigaciones sobre Reparaciones en la Universidad de las Indias Occidentales en Kingston. Ambos trabajan en estrecha colaboración. Son conocidos por sus importantes obras sobre la historia de la esclavitud, la abolición y la emancipación en el Caribe y sobre la resistencia contra la colonización y la esclavitud de los pueblos indígenas y africanos. Ambos son frecuentemente solicitados por medios de comunicación nacionales e internacionales, organizaciones civiles y estatales y universidades de todo el Caribe, Estados Unidos y Europa para dar conferencias y entrevistas sobre el caso caribeño de las reparaciones.

El profesor Beckles enseñaba historia económica en la Universidad de las Indias Occidentales en Barbados y actualmente es vicerrector de la Universidad de las Indias Occidentales. En su ampliamente citado libro Britain’s black debt. reparations for caribbean slavery and native genocide (2013), el cual se convirtió inmediatamente en un manifiesto político para las reivindicaciones actuales en el Caribe, enfatiza el aporte de los protagonistas caribeños en el movimiento global por reparaciones desde una perspectiva histórica. Destaca el papel crucial de Haití no solo como el primer país que abolió la esclavitud en una revolución protagonizada por los esclavizados (1791-1804), sino también como paradigma en el reclamo actual por reparaciones. Señala el año 2004, cuando el presidente Jean-Bertrand Aristide pidió a Francia que devolviera los 21 millones de dólares que Haití tuvo que pagarle desde 1825 para ser reconocido como Estado independiente, como la “primera vez que un gobierno caribeño poscolonial presenta una solicitud oficial de reparación a un gobierno europeo” (Beckles 2013, 214).[1] El enfoque de alentar a los Estados en vez de los empresarios privados también es fundamental para la perspectiva del CARICOM, como luego veremos.

Por su parte Shepherd, además, ha movilizado activamente en su mandato dentro del Grupo de Trabajo de Expertos sobre los Afrodescendientes de las Naciones Unidas para incluir el tema de las reparaciones en el Decenio Internacional para los Afrodescendientes, 2015-2024 (Naciones Unidas 2015).

 

3.     El caso de Jamaica: activismo y argumentos en favor de las reparaciones

Jamaica asume un papel protagónico en la lucha mundial por las reparaciones. Los rastafarianos, una comunidad cultural-religiosa formada en los alrededores de Kingston hacia 1930, siempre han señalado la necesidad de hablar de la esclavitud a través de la lente de la justicia reparativa. Desde la década de los 50, algunos rastafarianos solicitaron a la reina británica que facilite su repatriación a África como una forma de reparación (Blake Hannah 2006; Chevannes 1994). Los rastafarianos también participaron en las conferencias mundiales y finalmente son representados dentro del Consejo Nacional de Reparaciones que se fundó en el 2009; el primer consejo en el Caribe con el apoyo del Estado de Jamaica (Shepherd et al. 2012). Dicha entidad está compuesta por académicos de la Universidad de las Indias Occidentales, por abogados, activistas de derechos humanos y periodistas, muchos de ellos implicados en la lucha desde los años 80.

Las entrevistas que realicé durante mis investigaciones antropológicas, en el 2014 y 2017 me permiten analizar los argumentos y narrativas que reconstruyen los legados de la esclavitud y del colonialismo para luego generar una movilización política en favor de reparaciones.[2] Mis interlocutores afirmaron que mucha gente es consciente de las injusticias cometidas en la esclavitud, pero, por ejemplo, el conocimiento productivo sobre los vínculos entre ese pasado y sus consecuencias actuales han sido sistemáticamente desatendido o suprimido por un sistema de educación basado en un modelo eurocéntrico británico que silenciaba o glorificaba el pasado colonial (entrevista a Rupert Lewis, 10 de marzo de 2014).

También, durante mucho tiempo, en el discurso público no se prestó atención a la memoria de la esclavitud y menos aún a la cuestión de las reparaciones. Por esta razón, se efectúan campañas en todo el país para crear mayor conciencia, en particular para llegar a las personas fuera de los contextos académicos y de activismo. Por ejemplo, han producido un clip por la radio, han organizado varias conferencias públicas, talleres en escuelas, colegios e iglesias, así como en centros de trabajo y sindicatos, y han convocado varios foros de jóvenes sobre reparaciones, en cooperación con instituciones culturales reconocidas. Verene Shepherd, además, ha logrado junto con un equipo de colegas universitarios y maestros que se incorpore la historia de la esclavitud y sus consecuencias en los currículos de las escuelas secundarias y los colegios. Se argumenta que solo con una conciencia histórica sobre la interrelación causal entre la esclavitud y las desigualdades globales y discriminaciones raciales persistentes se puede encaminar la lucha para superar tales consecuencias. Además, se espera obtener más apoyo para la causa de las reparaciones, primero internamente en Jamaica y en el Caribe y luego, para encaminar una conversación política con los gobiernos y la sociedad civil de Europa (entrevista a Verene Shepherd, 27 de febrero de 2014).

Mientras que los colonizadores y su legado colonial en el Caribe impusieron durante mucho tiempo y en gran medida lo que debería ser recordado como parte de la historia, las personas que entrevisté refuerzan la producción de un conocimiento que recupere las narrativas silenciadas y que rompa con las historiografías eurocéntricas. Los activistas jamaicanos señalan entonces la necesidad de concienciar no solo sobre la historia de la esclavitud, sino también sobre la revalorización de las prácticas africanas y afrocaribeñas que han sido marginadas y sus seguidores criminalizados durante siglos por órdenes y prejuicios coloniales y racistas en casi todas las Américas.

En referencia a las tradiciones africanas como fuentes importantes de identificación y de conocimientos (entrevista a Miguel Lorne, 3 de marzo de 2014) observo cierta semejanza con los motivos de los protagonistas de la “reafricanización” dentro de las religiones afroatlánticas, como la santería cubana o el candomblé brasileño (Palmié 2008; Frigerio 2004; Rauhut 2014, 2013). El concepto de reparación involucra toda una dimensión de reevaluación y revitalización de las prácticas sociales, culturales y religiosas afrocaribeñas. Así reclama la agenda de la CARICOM en su punto 4 sobre las inversiones para construir instituciones culturales, museos y centros de investigación, con el fin de promover conocimientos sobre la esclavitud y sobre el aporte africano a las sociedades caribeñas, y luego facilitar intercambios con países de África (CARICOM Reparations Commission 2014).

 

4.     La indemnización a los esclavistas británicos: otro argumento en favor de la reparación

Como argumento central en favor de las reparaciones actuales –que analizo con más profundidad en Rauhut (2020)–, los activistas de Jamaica rescatan archivos históricos sobre la indemnización a los esclavistas británicos. Cuando en las colonias británicas del Caribe se logró la abolición de la esclavitud en 1834, los dueños de los esclavizados fueron indemnizados por su “pérdida de propiedad”. Recibieron en total 20 millones de libras de oro del Parlamento británico en compensación del valor total que habían pagado en la compra de esclavos. Esto fue “el precio de la emancipación” como lo llamó Nicholas Draper (2010), historiador e integrante de un equipo de investigación interdisciplinario de la University College of London (Hall et al. 2014).

A partir de diversos datos empíricos de archivos, los investigadores reconstruyen en detalle la cantidad de dinero que han recibido los dueños de plantaciones, entre ellos familias reales británicas, iglesias, comerciantes y elites intelectuales, y qué han hecho con este dinero en términos de desarrollo sucesivo. Sistematizadas en una base de datos accesible por internet, estas cifras demuestran el enriquecimiento extraordinario a través del sistema de esclavitud y cómo las compensaciones han contribuido al desarrollo económico industrial de Gran Bretaña (UCL 2013). En cambio, los esclavizados entraron en libertad sin ninguna compensación por los daños sufridos, sin tierras, sin propiedades, sin ningún capital para construir una nueva vida. Ni siquiera eran libres todavía, ya que los británicos introdujeron un sistema de trabajo forzado llamándole aprendizaje (apprenticeship). Con esto obligaron a las personas declaradas formalmente libres a seguir trabajando en las plantaciones durante otro periodo de cuatro años, a menudo para los mismos amos, sin recibir remuneración (Wilmot 1984). Este modelo británico de “emancipación compensada” fue un precedente que se siguió posteriormente en las Antillas francesas y holandesas (Draper 2010), de forma parcial en Cuba, Puerto Rico (Scott y Zeuske 2002) y Brasil (Araujo 2017).

Estos trabajos históricos sacan a la luz importantes fuentes que los activistas de Jamaica usan como prueba de la legitimidad de sus reclamos por reparaciones en varios sentidos. Primero, apelan una vez más a lo que aún es percibido en la población como gran injusticia histórica: compensar a los esclavistas en vez de a los esclavos. Segundo, contrarrestan los argumentos que el gobierno británico siempre levanta en contra de la causa: la esclavitud ocurrió hace mucho, ya pasó; resulta imposible identificar sus impactos en términos cuantitativos, y luego resulta imposible reparar a las personas afectadas. Los activistas se oponen a dicha posición al ofrecer pruebas de que sí se puede, con base en datos empíricos, demostrar la riqueza acumulada por generaciones en Gran Bretaña y sucesivamente en Europa occidental, mientras que las colonias en el Caribe fueron sistemáticamente subdesarrolladas. Corresponde a los economistas cuantificar tanto el beneficio absoluto de la esclavitud, cuya mayor parte fluyó hacia Europa, como los daños materiales que la esclavitud y el largo periodo del colonialismo causaron en las colonias caribeñas. En este sentido, existen diferentes y controvertidos enfoques que son ambiguos en cuanto a los detalles; sin embargo, lo que sigue siendo indiscutible es que la trata de esclavos y la esclavitud provocaron una enorme brecha que aún hoy se refleja en las desigualdades mundiales. Este hecho innegable apoya a los activistas en su principal argumentación y debería ser motivo suficiente para iniciar una conversación sobre las reparaciones.

Por último, estas investigaciones claramente muestran que los esclavizados, ni siquiera después de su libertad, se encontraron en condiciones igualitarias a las de los esclavistas. En realidad, por generaciones tuvieron que enfrentar desventajas en cuanto al acceso a la tierra, propiedades o capital para invertir. Incluso estas personas se vieron forzadas a trabajar y vivir en formas dependientes de trabajo, muy parecidas a la esclavitud, sin oportunidad de movilidad social. Gran parte de los afrodescendientes en Jamaica no pueden mirar a la esclavitud como un capítulo del pasado ya cerrado (Rauhut 2020).

Incluso, activistas argumentan que después de la independencia formal en el año 1962, Gran Bretaña abandonó a Jamaica con problemas fundamentales de desarrollo económico, social y educativo, como altas tasas de analfabetismo, enfermedades crónicas, y una pobreza extrema y persistente (entrevista a Verene Shepherd, 27 de febrero de 2014). Cuando los activistas abordan los problemas estructurales actuales de las sociedades caribeñas como resultado de las consecuencias a largo plazo de la esclavitud, instan a Europa a que reconozca su papel central en ella.

En consecuencia, sostienen que la ayuda británica al desarrollo para el Caribe ya no puede enmarcarse en términos de moralidad o caridad, más bien sería un deber ante la historia entrelazada. Las reivindicaciones cuestionan los conceptos comunes de los modelos desarrollistas de los Estados nacionales de Europa que prefieren mantener estructuras de dependencia, en lugar de reconocer las injusticias históricas y asumir la responsabilidad de repararlas. Al apelar a los gobiernos europeos para que se comprometan seriamente en la lucha contra la pobreza y el subdesarrollo, y reconocer sus profundas raíces históricas, los activistas transforman el discurso modernista del desarrollo en un discurso hacia la responsabilidad histórica y política. En este sentido, vinculan la lucha por la reparación a una estrategia de desarrollo (Rauhut 2018a; Rauhut y Boatcă 2019).

 

5.     Acerca de un diálogo sobre reparaciones entre Estados nacionales

En opinión de quienes entrevisté el apoyo del gobierno jamaicano a la agenda de reparación es un logro extremadamente importante porque significa obtener respaldo político y reconocimiento de sus reivindicaciones. Abre nuevos espacios de debate y compromiso político a partir de una coalición más amplia de la sociedad civil. Luego, el apoyo del gobierno nacional posibilita discutir el asunto entre los Estados nacionales y a través de las instancias de derecho internacional. En lugar de negociar la cuestión solo bilateralmente, por ejemplo, mediante una demanda de Jamaica contra Gran Bretaña, Shepherd y sus colegas del Consejo de Jamaica aspiran a un enfoque interregional. Por lo tanto, los 12 consejos nacionales ya existentes en los países caribeños se reúnen regularmente para intercambiar sobre sus contextos de reparación y para avanzar en una agenda común sobre cómo apelar a los gobiernos europeos, teniendo en cuenta las particularidades de cada país. En cuanto a las partes a las que se dirigirán, el Consejo de Reparaciones de Jamaica es bastante claro. Declara que, en lugar de personas privadas, bancos, seguros o empresas, las instituciones más apropiadas a seguir son los propios gobiernos europeos, considerados como los Estados sucesores de los gobiernos coloniales que han creado el marco legal, político, económico y cultural-racial en el que fue posible el crimen organizado de la trata.

Así leemos en un relato del consejo jamaicano de 2013: “La TTA [Trata Transatlántica de Africanos] era una iniciativa patrocinada por el Estado, legalizada en las colonias por el régimen colonial británico” (National Commission on Reparation 2013).[3] Shepherd también subraya el papel del Estado cuando señala:

 

[...] nuestra posición es que la esclavitud de los africanos era un sistema patrocinado por el Estado, por lo que nuestra reivindicación debe ser contra el Estado. Si otras compañías o iglesias desean disculparse (y algunas lo han hecho), está bien; pero nuestro caso es contra el Estado (entrevista a Verene Shepherd, 27 de febrero 2014).[4]

 

Por lo tanto, en lugar de una indemnización individual para los descendientes de las víctimas de la trata de esclavizados, como han afirmado repetidamente, por ejemplo, los grupos de reparación de Estados Unidos, la Comisión de CARICOM reclama que los Estados de Europa faciliten medidas colectivas para las sociedades caribeñas, ya que los legados persistentes de la esclavitud se conciben, en términos de desigualdades, como algo sistémico.

La prioridad de luchar contra los problemas estructurales del desarrollo está relacionada con la opinión antes mencionada de que la esclavitud y los siglos de explotación colonial afectaron considerablemente el desarrollo económico, social y cultural de muchos países del Caribe. Las reparaciones se conciben claramente como medidas para enfrentar los legados de la esclavitud aún no resueltos. Por lo tanto, la comisión fomenta el diálogo entre los Estados del Caribe y los Estados europeos y motiva a los gobiernos regionales a presentar demandas contra los gobiernos europeos (Estados contra Estados), sobre todo contra Gran Bretaña, la antigua potencia colonial más fuerte de la región. Obviamente, esta tarea no se puede limitar a los Estados del Caribe, sino que tiene que involucrar a los Estados de Europa.

Hasta ahora, los gobiernos europeos se han negado sistemáticamente a entablar un diálogo sobre la reparación. El rechazo de Gran Bretaña a las reparaciones se hizo evidente durante las celebraciones del bicentenario de la abolición de la trata de esclavizados en 2007, cuando el ex primer ministro Tony Blair y la reina evitaron cualquier forma de reconocimiento y disculpa hacia los descendientes de las víctimas. La estrategia de perseverar en una posición de no disculparse, incluso después del fuerte respaldo nacional e internacional al reclamo actual, fue claramente demostrada una vez más por la visita a Jamaica del también ex primer ministro británico David Cameron (2010-2016) en septiembre de 2015, durante la cual respondió irrespetuosamente a las demandas de reparación (incluso articulado por el gobierno de Jamaica) con las palabras: “reconozco que estas heridas son muy profundas. Pero espero que, como amigos que han pasado por tanto juntos desde los tiempos más oscuros, podamos seguir adelante con este doloroso legado y continuar construyendo para el futuro” (GOV.UK 2015).[5]

El escándalo y disparate está en el hecho de que un antepasado del mismo Cameron fue uno de los propietarios de una plantación en Jamaica indemnizado en los años 1830. Además de descubrir los vínculos de Cameron con la economía de esclavitud del Caribe, los activistas de Jamaica han criticado fuertemente que él, cuando propuso a los jamaiquinos “vamos seguir adelante”, tenía conocimiento de un enorme préstamo bancario que se usó por la compensación en la década de 1830 y que no se pagó hasta el 2015. En otro texto examino cómo ellos han expuesto públicamente los dos incidentes para movilizar con más fuerza la causa de las reparaciones a nivel nacional e internacional (Rauhut 2021).

La posición de Cameron, similar a la de Blair ocho años antes, fue percibida como una afrenta en Jamaica, en el Caribe y en Europa tanto en la sociedad civil y la prensa internacional como entre políticos, más allá de los contextos en favor de las reparaciones. La insistente posición de línea dura del Gobierno británico, que rechaza toda conversación sobre el pasado de la esclavitud, finalmente sirve a los activistas como momento de mayor movilización por la causa y luego para llevar el tema a la arena internacional. De hecho, la agenda de CARICOM ha sido recibida con entusiasmo no solo por los gobiernos regionales y las organizaciones internacionales, sino también por numerosas organizaciones de la sociedad civil de las Américas y Europa. En particular, se han hecho eco de ella los grupos de activistas y académicos de EE. UU., país con una larga historia de lucha y un intenso debate sobre las reparaciones. La actual Comisión Nacional Afroamericana de Reparaciones (NAARC por sus siglas en inglés), está estrechamente conectada con los activistas del Caribe y anunció el desarrollo de un programa de reparaciones parecido (NAARC 2015; Rauhut 2018c).

 

6.     Hacia enfoques interregionales de las reparaciones por esclavitud

Me he centrado aquí en Jamaica y, por lo tanto, en un enfoque del Caribe anglófono y articulado por la CARICOM. Su agenda de diez puntos por una “justicia reparativa” sigue teniendo una circulación enorme y ha empujado el debate y el activismo al nivel global. La conciencia mundial del tema se debe también, en última instancia, como se mencionó al principio, a las personalidades de Shepherd y Beckles, que actúan como historiadores y activistas políticos en amplias redes transnacionales. Sin embargo, el llamado a la reparación debe ser considerado parte de una lucha mucho más amplia y de larga data en toda la región, más allá del Caribe anglófono, donde las redes de personas, prácticas e ideas cruzan fronteras y se influyen selectivamente unas a otras. El tema es vibrante en todo el Caribe, en el continente americano y, hasta cierto punto, en Europa y África.[6] En redes transnacionales del activismo y de los debates se intercambia sobre argumentos, objetivos, incidencias y políticas de diferentes contextos locales y nacionales.

También la investigación sobre las reparaciones está cada vez más diseñada para abordar las perspectivas internacionales, globales y transnacionales en vez de analizarlas como un fenómeno nacional singular (Araujo 2017; Frith y Scott 2018; Rauhut 2018b). Sin embargo, al alentar los enfoques interregionales, insisto en la necesidad de una investigación a nivel local y microempírico que permita una comprensión diferenciada de las especificidades locales, regionales y nacionales entre los respectivos grupos, dinámicas y debates sobre las reparaciones. La propia región del Caribe está conformada a partir de diferentes formas de esclavitud, y posee diversas historias coloniales, idiomas, culturas, sistemas políticos y, por lo tanto, son necesarios diferentes enfoques acerca de las reparaciones. En el Caribe hispanohablante y en América del Sur, por ejemplo, dentro del activismo afrodescendiente en vez de “reparaciones por la esclavitud” se usa más el término “afrorreparaciones” que, sin embargo, aborda cuestiones similares, como la lucha contra las desigualdades y la discriminación racial (Mosquera Rosero-Labbé y Barcelos 2007; Laó-Montes 2007).

El volumen editado por Mosquera Rosero-Labbé y Barcelos (2007) reúne contribuciones desde América Latina sobre el tema centrándose principalmente en Colombia, Ecuador y Brasil. Estudios de caso como el de Ecuador demuestran que las reparaciones, dentro del activismo social afrodescendiente, se consideran básicamente acciones afirmativas con el objetivo de superar las desigualdades históricas, producto de la esclavitud y del racismo estructural para lograr finalmente una condición ciudadana plena de los afroecuatorianos (Antón Sánchez 2007). Las movilizaciones por acciones afirmativas también tienen una larga historia y expresión en Colombia y Brasil, aunque los contextos sociales locales difieren mucho de un país a otro, y más aún en comparación con la situación demográfica del Caribe anglófono, donde la población total está compuesta en parte por más del 90 % de descendientes de los esclavizados, es decir, los afrodescendientes (Statistical Institute of Jamaica 2011). Las demandas concretas de medidas reparativas se dirigen a los respectivos gobiernos nacionales, no a los Estados europeos como en el caso del CARICOM. Los importantes impulsos de la región y del mundo hispanohablante en el tema de las reparaciones requieren una mayor investigación; en este documento solo se expondrá brevemente el caso especial de Cuba.

El gobierno revolucionario cubano fue el primero en toda la región que firmaba y apoyaba la agenda de CARICOM, primero a través de la delegación cubana ante la Asamblea General de Naciones Unidas y luego directamente por los presidentes (Prensa Latina 2014). Cuba, en su papel de líder en el movimiento tricontinental, siempre adelantó la cuestión de la indemnización de las excolonias de Europa en los foros internacionales. Sin embargo, el tema de reparaciones no se divulga mucho en los debates públicos, no existe un activismo particularmente dedicado a eso. Pero sí son muchas las personas, iniciativas académicas y activistas que se comprometen a enfrentar los largos efectos y los legados de la esclavitud en el trabajo de la memoria a través de un lenguaje educativo, antidiscriminatorio y contra las desigualdades sociales, tanto en varios proyectos sociocomunitarios como a través de publicaciones (Romay Guerra 2012, 2015; Zurbano 2012; Quiñones 2017). Se está encaminando uno de los primeros intentos de divulgar la agenda del Caribe anglófono e intercambiar con los afrodescendiente de Cuba sobre sus propias perspectivas hacia la cuestión de la reparación.[7]

Entre los países anglófonos, hispanohablantes, francófonos y neerlandófonos del Caribe hay muchas barreras en la comunicación y la movilidad debido a los diferentes sistemas políticos (que, una vez más, pueden interpretarse como resultado de la división colonial y los problemas consecutivos tras el cese oficial del colonialismo). Aunque los activistas no siempre pueden trascender estos límites, en sus localidades concretas establecen deliberadamente vínculos transnacionales con otros activistas y debates con el fin de fortalecer las respectivas reivindicaciones. Por supuesto, no tienen una agenda común o uniforme e incluso podrían promulgar intereses en conflicto. Sin embargo, comparten la tarea de enfrentar los legados de la esclavitud y la explotación colonial a través de un marco de justicia reparativa. El caso del Caribe ofrece un nuevo enfoque a la cuestión de las reparaciones en cuanto a los actores e instituciones involucrados, los beneficiarios potenciales, los lugares de negociación y la orientación de objetivos colectivos. Como diálogo político y académico podría ser discutido más allá de la lente de la experiencia de EE. UU. que hasta ahora domina los discursos públicos sobre el tema.

Destacar a los activistas caribeños, su agenda y su impacto podría contribuir finalmente a superar la marginación del Caribe en términos de activismo político, pero también su supuesta condición de periferia en las ciencias sociales. Prestar más atención a la región y su impacto en la producción de conocimiento crítico podría inspirar tanto el activismo global como la investigación científica sobre el tema de la reparación.

Dirigirse en primer lugar a los gobiernos europeos ofrece una perspectiva extremadamente relevante, tanto por la política internacional como académica, ya que insiste en que Europa asume más responsabilidad histórica debido a una historia entrelazada con sus excolonias en el Caribe. Reclama a los países europeos que reconozcan el papel desempeñado en la historia de sus colonias, pero también el papel que desempeñó la esclavitud en su propia historia económica, social y cultural. En consecuencia, en vez de desconectar sus propias historias nacionales de lo que hayan sufrido las colonias por siglos de esclavitud y dominación colonial, con la agenda por las reparaciones se entabla un necesario diálogo entre los gobiernos de Europa y del Caribe en condiciones de igualdad.

Una consideración seria y directa de las actuales reivindicaciones caribeñas contribuiría sin duda a una mayor conciencia de las consecuencias aún relevantes de la esclavitud, no como una experiencia no europea, sino como parte intrínseca de la historia entrelazada de Europa. En este sentido, el reclamo de reparación insta finalmente a una revisión del colonialismo y la esclavitud dentro de un marco de justicia reparativa sobre todo en el Viejo Continente.

 

Apoyos

Esta investigación se realizó en el marco del proyecto “Slavery Reparations in the Caribbean: Transregional Perspectives on Actors, Debates, and the Politics of History” (2016-2019) en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de Freie Universität Berlin, con financiamiento de la Fundación Fritz-Thyssen (Alemania). Asimismo, esta investigación recibió apoyo de la beca de excelencia “Contestations of the Liberal Script” de Freie Universität Berlin, y de la beca “Beyond Slavery and Freedom: Asymmetrical Dependencies in Pre-Modern Societies”, del Bonn Center for Dependency and Slavery Studies (Alemania).

Agradezco a las personas entrevistadas en Jamaica y al profesor Matthew Smith, quien me acogió como profesora visitante en el Departamento de Historia y Arqueología de la Universidad de las Indias Occidentales en Kingston (2017); y a Verene Shepherd por invitarme a una estancia en el Centro de Investigación sobre Reparaciones de la mima universidad (2020).  En Cuba, agradezco a Zuleica Romay, directora del Programa de Estudios sobre Afroamérica en la Casa de las Américas, quien me invitó a debatir la temática junto a colegas de ese país en 2016.

 


Referencias

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Entrevistas

Entrevista a Miguel Lorne, Kingston, 3 de marzo de 2014

Entrevista a Rupert Lewis, Kingston, 10 de marzo de 2014.

Entrevista a Verene Shepherd, Kingston, 27 de febrero de 2014.

 

Notas



[1] Traducido del inglés por la autora.

[2] En otras publicaciones incluyo más datos empíricos que permiten identificar las diversas dimensiones de su agenda: deconstruyen el discurso convencional del desarrollo modernista, movilizan redes transnacionales para fortalecer sus reivindicaciones y hacen campañas en la educación pública para divulgar conocimientos sobre la esclavitud y la necesidad de la reparación (Rauhut 2018a, 2018b, 2018c).

[3] Traducido del inglés por la autora.

[4] Entrevista traducida del inglés por la autora.

[5] Traducido del inglés por la autora.

[6] Ya en los años 90 tuvieron lugar en Nigeria y Ghana varios encuentros panafricanos que abordaron el tema de reparación por la esclavización de africanos y por la colonización (Rauhut 2018c).

[7] Véase: Negra cubana tenía que ser (2016).